Ella bajó la cabeza. —No, solo lo dije sin pensar. No lo tomes a pecho. Conozco nuestro acuerdo y sabes muy bien que tengo a otra persona en mi corazón.
Sabía que estas palabras enfurecerían demasiado a Mateo, pero no tenía alternativa.
Tenía ese pequeño orgullo que le impedía dejar que Mateo pensara que estaba celosa.
Tras sus palabras, la sonrisa en los labios de él desapareció como por arte de magia. Con el rostro sombrío, dijo: —En la oficina, eres mi secretaria. Cuando te pido que hagas alg