Entonces llamó a Mariana.
La voz de Mariana sonaba perezosa, y Lucía se sintió algo apenada: —Lamento haber interrumpido tu descanso, discúlpame por haberlo hecho. Estoy camino al centro comercial cerca de tu casa. Puedo esperarte en algún lugar, si deseas.
—Está bien —Mariana no se negó.
Al llegar al centro comercial, Lucía encontró una cafetería cerca y pidió dos cafés.
Cuando Mariana llegó, vio desde lejos a Lucía sentada frente en una pequeña mesa redonda color crema, sosteniendo cuidadosa u