Lucía preguntó con indiferencia: —¿No debo hacerte enfadar a ti, ni decepcionar a tu tía, y además tengo que mantener contenta a tu madre? ¿Y en todo yo donde quedo?
Mateo respondió algo molesto: —Lucía, no olvides que fuiste tú quien le dijo a mi abuelo que querías casarte conmigo.
Lucía recordó aquellos doscientos mil dólares y las acciones. Le dolía demasiado la cabeza y sentía como si una mano invisible le apretara con fuerza el corazón. Por un momento, le costó respirar.
No quería seguir di