Lucía conocía muy bien a Carolina, sabía que decía todas estas tonterías para justificarse a sí misma.
Ana pensaba quedarse callada, pero las palabras de Carolina la enfurecieron cada vez más: —¡Qué descarada eres! Tu hijo es infiel, ya tiene un hijo, ¡esto es adulterio!
Carolina respondió: —¡No digas tonterías! Si tu hija no puede dar hijos, ¿no puede mi hijo tenerlos afuera?
—¡Cierra la boca! —ordenó Mateo con frialdad.
Carolina lo miró, notando asi su inseguridad, y se contuvo de inmediato: —