Lucía esperaba afuera del quirófano. La maldita puntilla estaba bien enterrada y necesitaban una cirugía urgente para lograr extraerlo.
Solo podía preocuparse por si había dañado algún órgano vital.
—¿Cómo está Mateo? —preguntó Ana con mucha preocupación al llegar.
—Aún no sale —respondió Lucía.
—¡Cómo pudo pasar esto! ¡Esa Lily solo causa problemas, hirió a mi yerno! —se lamentó una y otra vez Ana.
Tomás permaneció en silencio, esperando sin mucha preocupación.
Unos minutos más tarde, el médic