—¡Sí, nuestros padres se esforzaron muchísimo para pagar sus estudios, y todo por la desagradecida de la Lucía! —se sumó Adriana, mientras que ellas, desesperadas por ganar, mentían sin el menor reparo.
—¡Malagradecida!
—¡Sinvergüenza!
De repente, alguien le arrojó un huevo a Lucía que cayó frente a ella. Al mirar hacia la entrada, vio a más de una docena de personas con huevos y hojas de verduras en las manos, que comenzaron a lanzárselos. Ella se cubrió rápidamente mientras los guardias de se