Lucía se sorprendió de que él hubiera notado que le dolía el vientre durante su período.
Nunca lo hubiera imaginado. Antes pensaba que, aunque vivieran toda una vida juntos, él nunca sabría sus gustos o sus problemas de salud. Que si ella muriera enferma, él sería el último en enterarse.
Ahora parecía que, con el tiempo, aunque no quisiera recordar estas sencillas cosas, las había memorizado muy bien.
Lucía sopló el té para enfriarlo y lo bebió de un trago.
—Descansa bien —dijo Mateo, arropándol