Ella lo llamó por su nombre, sin usar el tono formal "señor Rodríguez".
Se interpuso en su camino, bloqueando de inmediato el paso, y Mateo preguntó con frialdad:
—¿Qué necesita usted, señorita Benítez?
Milena lo miró con su característica arrogancia, aún incrédula: —¿Es cierto lo que dijiste? ¿En serio está usted casado?
Nunca había escuchado noticias de su matrimonio y sospechaba que era simplemente una excusa para evitarla.
—¿Hay necesidad de mentir? —respondió Mateo con frialdad.
—Nunca lo h