Milena pareció sorprendida de verlos, pero de inmediato recuperó la compostura y sonrió: —Emanuel, mi madre y yo hemos venido a visitarte.
—Emanuel —saludó la madre de Milena.
Lucía reflexionó sobre cómo este anciano, tan respetado por Mateo, también conocía a los Benítez, y aparentemente con cierta familiaridad.
—¿Cómo es que han venido todos? —sonrió con agrado Emanuel.
—Por supuesto que venimos a verlo cuando está enfermo.
Milena colocó con agrado las flores en un jarrón y abrazó afectuosa a