Debería estar feliz, pues todo estaba saliendo según sus planes.
Lucía permaneció en completo silencio, apretando los labios.
Karen, notando la fuerte tensión entre ellos, intentó aligerar un poco el ambiente: —Señorita Díaz, ¿por qué no se queda a comer conmigo?
—¡La cocinera hace platos deliciosos! Puede preparar cualquier cosa que desees, ¿no es increíble? ¡Tienes que probar su comida que es deliciosísima! —explicó Karen entusiasmada.
—No es necesario... —respondió Lucía, desviando de inmedia