Sus palabras llenaron de afecto a Karen, quien se sentó muy cerquita de él: —¿Señor Rodríguez, alguien como yo realmente puede ir a la universidad?
—Sí, claro que si.
Karen sonrió con dulzura, mostrando así sus hermosos hoyuelos: —¡Señor Rodríguez, usted es tan bueno conmigo! ¡Es la persona más amable que he conocido!
Estas palabras hicieron de inmediato que la expresión de Mateo cambiara de manera sutil, apretando con fuerza los labios mientras bajaba el periódico.
Lucía los observaba interactu