Podría pasar todo el día con mi hermosa mujer, tumbados ahora en la cama, después de haber pasado por cada sillón, alfombra, el closet y terminado en la cama, sudados, jadeantes. No me cansaba de contemplar sus ojos cada vez que explotaba en éxtasis.
Habíamos pasado toda la noche y el resto de la madrugada haciendo el amor, simplemente era un sueño hecho realidad. No me cansaba de atrapar sus canticos gemidos en mi boca una y otra vez. De repasar una y otra vez con mis manos su cuerpo.
Me se