Pía se acercó mientras yo estaba trabajando en la oficina. Ella se sentó en la silla que estaba frente a mí. Yo dejé a un lado los papeles y la miré.
—¿Pasa algo? —le pregunté. Ella me sonrió un poco.
—La mujer, ¿usted... la mató? —me preguntó con un poco de curiosidad. Yo asentí y ella se sorprendió un poco.
—¿La mató por lo que le dije, verdad? —me preguntó mientras lloraba.
—No, matarla era algo que yo tenía que hacer. No pienses mucho en eso, ahora solo olvídalo —le pedí.
Ella se sorbió la