Pia me miraba con la boca ligeramente abierta. Hasta yo estaba un poco sorprendido por lo que había hecho.
—Voy a salir. Si necesitas algo, se lo puedes pedir a Vladislav. Él estará a tus órdenes —le dije.
Ella intentó acercarse, pero se detuvo a medio camino.
—Muchas gracias por su ayuda. Y sobre lo que ella dijo, es todo mentira. Yo solo estoy agradecida por lo bueno que ha sido conmigo —dijo.
Se veía a punto de llorar. La verdad, no me gustaba ver a ninguna mujer llorar, me desesperaba.
—¡Mi