Abrí los ojos lentamente y vi al hijo de Nerea frente a mí. Estaba despierto y me sonreía. Nerea acariciaba mi cabeza, igual que lo hacía con su hijo. Esto se sentía raro, pero de alguna manera reconfortante.
—¿Se van a levantar o les doy una patada para que lo hagan? —nos preguntó.
Denis empezó a reír, se levantó y comenzó a dar brincos en la cama. Yo me aparté y me senté en la cama, mirando la felicidad del niño. Nerea sonreía mientras veía a su hijo. Era interesante ver otra faceta de ella.