C113 - MERCANCÍA
En un contenedor metálico, el olor a sal, óxido y miedo se mezclaba con el sonido constante de las olas golpeando el muelle, mientras afuera se oían gritos ásperos:
—¡Caminen, perras! ¡Vamos, vamos!
Los sollozos ahogados de varias mujeres se filtraban entre las órdenes violentas; algunas lloraban en silencio y otras apenas podían respirar.
Dentro del contenedor, Katya llevaba media hora despierta. Estaba sentada en el suelo frío, abrazada a las rodillas y con el rostro escondido