C109 -LO MATO CON MIS PROPIAS MANOS
—¿De verdad eres tan estúpida, Ximena? Claro que yo mandé a sacar al gringo de la carretera. Ese imbécil metió las narices donde no debía y por eso pagó el precio.
Al escuchar la terrible confesión, Ximena se quedó totalmente helada. Los ojos se le abrieron de par en par y la boca se le entreabrió, pero de su garganta no salió ningún sonido; de pronto, su mundo se detuvo.
El hombre que amaba, el hombre al que le había entregado todo —su primer beso, su primera