Capítulo 9. La calumnia de Camila
—Cambia el mantel ahora mismo. No me gusta este tono crema opaco; usa un blanco marfil que sea más fresco.
La voz de Elara Niven sonó clara, imbuida de una autoridad que no admitía réplica. Esa mañana, la luz del sol primaveral de Barcelona atravesaba los grandes ventanales del comedor principal de la residencia Abraham. Elara estaba de pie en la cabecera de la larga mesa, una posición que, por tradición, solo ocupaba el jefe de familia o la señora legítima de la casa. El vestido de mañana en a