Capítulo 89. El rastro perdido
—¡Dale otra descarga, Tom, su corazón no puede detenerse ahora! —gritó Jarek con una voz ronca que fracturó el silencio en la cabina de la ambulancia, la cual se sacudía con violencia mientras abría paso por las calles de Fráncfort.
Tom no respondió con palabras, sino que presionó de inmediato el botón de carga en el desfibrilador hasta que se escuchó un agudo y sostenido pitido. Colocó una vez más el par de paletas metálicas cubiertas con una capa gruesa de gel conductor sobre el pecho inmóvi