Capítulo 67. El secreto revelado
—Mátame ahora mismo si eso puede lavar tu orgullo herido, padre —desafió Gery con una voz baja que vibraba entre el rugido del viento del puerto.
Alejandro no se movió ni un milímetro. Sus zapatos parecían clavados sobre el frío concreto del muelle. Su mirada, usualmente afilada como una navaja, lucía ahora opaca, ocultando una tormenta mucho más poderosa que la simple ira. Observó el rostro del joven frente a él, ese rostro que había cuidado desde la infancia y que ahora emanaba un odio purís