Capítulo 30. Laberinto de Pasión
—¿Crees que puedes escapar de mí solo porque estoy un poco indefenso, Elara?
La voz de Alejandro sonó densa, vibrando desde lo más profundo de su garganta y creando una resonancia que estremeció el aire de la espaciosa habitación. Miró a Elara de tal manera que ella sintió como si todas sus defensas se hubieran desmoronado.
Ya no había rastro de la frialdad robótica que solía emanar de sus ojos azul profundo; en su lugar, ardía una mezcla peligrosa de vulnerabilidad física y un deseo latente,