La madre de familia alardeó de alegría cuando Nataniel pidió hablar en privado.
—Ve hija mía, debe ser que te dará la solución—. Ella sigue a la espera de un milagro para que su hija Tamara quede libre de todo lo que se le está culpando.
—Dígame, señor Kaffati. —quiso saber al llegar a su lado.
—¿Qué sucede con ese hombre que alega que te ha comprado? —Nataniel no entiende por qué ese hombre demuestra autoridad sobre ella, como si fuera su dueño.
—Hace un par de días, yo llegué de la empresa y mi padre me comentó que me vendió a ese hombre, se supone que le dio una gran cantidad de dinero para que yo vaya a servir de puta a su negocio que se dedica a la prostitución. Pero… yo no lo quiero hacer— ella sollozó y su mirada se llenó de miedo— yo tenía pensado que esta noche me escaparía para otra ciudad, pero al parecer ese hombre se me adelantó y ahora… ahora ya no sé qué hacer. —comentó la muchacha, viendo al vacío con sus ojos perdidos en la nada.
—¿Te ibas a escapar y dejarme a mí con