Mírame Nataniel, voltéame a ver, mi amor, mi cuerpo está lleno de cicatrices, mira mi pecho rodeado de quemaduras y golpes.
La chica llora a mares recordando y mostrando cada una de sus cicatrices, entre tanto, Nataniel no dice una sola palabra, solo observa y su manzana de Adán sube y baja, sus venas se hinchan y sus puños se aprietan mucho más fuerte.
—¡Si aun así, quieres que nos divorciemos, yo… yo lo acepto! —Expresó con voz entrecortada y su frente en alto, pues, ella es consciente de que