Cristina escuchó los sonidos raros y se emocionó, pero a la vez se entristeció porque cree que es otro de los fieles que castigan a los traidores como ella.
—¡Prima! ¡Cristina!
Clamaron los hombres que acaban de ingresar y se ayudan alumbrando con las linternas de sus celulares.
—Estamos aquí, prima, tu novio y yo hemos venido a rescatarte.
—Shhh, cierra la boca, mocosa, si te atreves a hablar, ya sabes que te irá muy mal. —Le secretea al oído, el hombre que la acompaña, sí, ella no está sola,