Cuando el muchacho entró a la habitación de Cristina, tomó el teléfono de su prima y lo encendió para buscar alguna pista que le indique a donde pudo haber ido ella. Se sentó en el borde de la cama a esperar a que este terminara de configurarse. De pronto observó un papelito que asoma de debajo de la almohada, él lo tomó y se sorprendió porque allí está la respuesta que tanto ha deseado saber.
—¡Ayuda! ¡Calabozo!
Son las palabras que se aprecian en el pequeño trozo de papel en el que Cristina e