Camila tembló, el hombre se ve de malhumor y teme que la avergüence frente a todos. Pero no es así, el hombre se acercó hasta ella en su silla eléctrica y la cuestionó de inmediato.
—¿Por qué no has venido con el vestido que te envié? —habló el hombre apretando los dientes por el enojo. Eso sí que le cae mal a él, que no hagan las cosas como él las indica.
—¿Cuál vestido?, no entiendo a lo que se refiere. —Preguntó con el ceño fruncido y sus labios temblorosos.
—El vestido que ayer te envié a tu casa. —Ese vestido que traes está horrible, debiste de tallarte el que yo te envié para tal fin. ¡No te ves nada agradable con lo que traes puesto, no pareces digna de ser la prometida de un millonario!
—Yo no tengo ni la más mínima idea de lo que usted me está diciendo, señor, créame que yo no he recibido ningún vestido que venga de parte de su persona.
—El joven que lo llevó me dijo que tú lo recibiste, hasta tu firma aparece en el papel de recibido que él me entregó.
—Si me muestra esa firm