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Fue mala idea, la sorprendida fue ella porque al abrir la puerta se encontró a su marido muy tranquilo y con sus ojos cerrados recostado sobre su silla ejecutiva mientras una chica le hace un masaje, vestida de forma provocativa con un escote que llama demasiado la atención y sus senos que casi están pegados a la cara del gran jefe.

—¡Buenas tardes! —Saludó de forma irónica mientras siente que su mundo se cae a pedazos y su corazón se hace pequeño.

Hasta entonces la chica del masaje levantó la
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