El departamento de Renata en la colonia Condesa olía a café recién hecho y a la vela de vainilla que su amiga insistía en mantener encendida durante todo el día. Ximena había llegado a las siete de la tarde con una maleta pequeña y los ojos hinchados de llorar durante las últimas tres horas. No había dicho nada cuando Renata abrió la puerta, solo se había dejado caer en el sofá de terciopelo azul mientras su amiga preparaba té y esperaba en silencio.
Ahora, dos horas después, Ximena finalmente h