El Café Orizaba en la Roma Norte era exactamente el tipo de lugar que Patricia habría elegido: lo suficientemente público para parecer seguro, lo suficientemente discreto para conversaciones peligrosas. Ximena llegó a las tres en punto, exactamente como Patricia había ordenado, con el corazón latiendo contra sus costillas magulladas del accidente que ya parecía haber ocurrido en otra vida.
El taxi la había dejado en la esquina de Álvaro Obregón. Había apagado su teléfono dos cuadras antes—si Seb