El silencio en el Café del Árbol se había vuelto denso y sofocante. Ximena observaba a Damián con una mezcla de desconfianza y curiosidad mórbida, consciente de que cada segundo que permanecía sentada frente a él era un segundo más que Sebastián estaría recibiendo actualizaciones de Rodrigo y probablemente calculando cuánto tardaría en llegar personalmente para sacarla de allí.
Damián pidió un espresso al mesero que se acercó, con esa confianza casual de alguien que nunca había tenido que preocu