Mundo ficciónIniciar sesiónEn Zúrich, a miles de kilómetros de distancia, Elena Montemayor se despertó de siesta vespertina con claridad mental que no había experimentado en semanas. La enfermera revisaba sus signos vitales cuando Elena se sentó abruptamente.
—El vestido era azul pálido.
—¿Perdón, Condesa?
—El vestido de Cassandra. En su boda. Azul pálido, no blanco. Y ella estaba sonriendo. No asustada. Sonriendo como no la había visto sonreír en años.
Elena presionó manos contra sienes, co







