Armando
Ella estaba de espaldas, da media vuelta y me abraza tímidamente, sigo sin moverme, pero mi piel se eriza, ella me mira y yo evito el contacto con sus ojos, puede ser peligroso para mí.
— ¿Me odias?— Lloriquea.
—No podría. — Respondo, sin decirle que la amo y creo que nunca dejare de amarla.
Ella lloriquea, sin decir una palabra más, se que tiene miedo tanto como yo.
La abrazo con ternura y le digo—Nena no llores mas todo va a salir bien, lo haremos bien.— Susurro tratando de calmar