—Solo te interesa el dinero. — Me acusa.
—Y la estabilidad de mi hijo, no quiero que por nuestras malas decisiones el sufra las consecuencias. — Le recalco, para que nos comportemos de la forma más civilizada posible.
—Por Dios, ¡creí que yo te importaba!. — Exclama indignada, tiene los ojos brillantes.
—Siempre vas a ser importante en mi vida, eres la madre de mi único hijo. — Digo tocando sin permiso su vientre plano, una corriente eléctrica me atraviesa, está más hermosa que nunca.
— ¿No