El tío Sergio entró en el calabozo oscuro y húmedo, y sus ojos se posaron inmediatamente en Dominic. El joven tenía el rostro lleno de moretones y heridas abiertas. Parecía haber pasado por un verdadero infierno. El tío Sergio no pudo evitar sentir una profunda satisfacción al ver la desgracia de su sobrino.
—Vaya, Dominic… He venido corriendo en cuanto me enteré de lo que pasó —dijo el tío Sergio con voz cargada de falsa preocupación—. Lo siento mucho, hijo.
Dominic no respondió. Sus ojos frío