El tío Sergio entró en el calabozo y vio a Dominic, con el rostro lleno de moretones y heridas. Parecía que había pasado por un infierno, y no pudo evitar sentir una profunda satisfacción al ver la desgracia de su sobrino.
—Vaya, Dominic, he venido corriendo en cuanto me enteré de lo que pasó —dijo el tío Sergio, con voz cargada de falsa preocupación—. Lo siento mucho.
Dominic no respondió. Sus ojos se clavaron en el rostro de su tío con frialdad.
—He hablado con Gabriel y está dispuesto a deja