Capítulo 123: Que desaparezcan
El auto de Ashley se detuvo frente a la mansión de los Van Holt. No había llamado antes. Simplemente apareció, como solía hacer cuando algo le quemaba las entrañas. El guardia de la verja la reconoció y la dejó pasar sin preguntas.
Subió los escalones de la entrada con paso rápido, sus tacones golpeando el mármol con un ruido que delataba su furia. El mayordomo abrió la puerta antes de que tocara el timbre.
—Señorita Ashley, qué sorpresa...
—¿Dónde está mi padre?