Capítulo 10: Una cláusula más
Ariadne caminó con la espalda recta, como si el pasillo no le estuviera arrancando la piel.
Freddie había sido una sombra pegada a su brazo, una voz pegada a su oído, un recordatorio de que su vergüenza tenía dueño. Y, aun así, ella siguió avanzando, tragándose el nudo, tragándose la rabia, tragándose el temblor… porque en ese mundo, romperse en público era un lujo reservado para gente sin enemigos.
Al doblar la esquina, el ruido de la conferencia quedó atrás. Un g