Los días pasaron con cierta lentitud, no por falta de trabajo, sino porque las jornadas se extendieron al máximo. Adams decidió mover las reuniones al departamento en el que anteriormente vivía Glenda, evitando así la atención que sus movimientos podrían generar en el Corporativo. No sabía cuántos ojos lo vigilaban, ni cuántos espías podía tener cerca. Además, salir de casa también era una estrategia para proteger a su esposa. Aunque Glenda hacía un esfuerzo genuino por mantenerse al margen, su