¿Siempre se había referido a sí mismo? ¿Su apuesta era que mi tío me convencería de casarme con él en lugar de mi hermana? ¿Qué clase de tipo era ese hombre? Sabía lo que era: un demente. Un tipo totalmente desquiciado.
—Tío, ¿qué dices? —articulé al fin, esbozando una leve e incrédula sonrisa—. ¿Casarme con él? No puedes pedirme...
La mirada de mi tío se volvió dura y sorpresivamente se me acercó para después tomarme por los hombros. Me sujetó con gran fuerza y comenzó a sacudirme, mirándome