La desconfianza.
Pestañeo lentamente hasta que el rostro de Tati se enfoca frente a mí. Me sonríe aliviada. Me río al recordar lo que creí que había sido un sueño y dudo si contárselo, pero ella es tan loca y graciosa que no veo nada de malo en hacerlo.
— ¿Estás bien, nena? —su rostro irradia alegría; me gusta verla así.
— Sí... tuve un sueño.
— ¿Qué soñaste?
— Que me decían que estoy embarazada.
— Uy, creo que te desmayarás de nuevo.
— ¿Qué? —miro fijamente a Tati y comprendo que nada ha sido un sueño: estoy r