Conversaciones incómodas.
Siento que el corazón se me va a salir del pecho. Vuelvo a leer el WhatsApp y no es mi imaginación: ahí dice perfectamente "Carlos en línea", esperando a que lo salude. El teléfono se resbala de mis manos y cae con un golpe seco al piso. Me inclino y lo recojo rápidamente mientras intento pensar qué hacer.
Lo primero que se me viene a la cabeza es mandarlo a la mierda, decirle que se acabe su jueguito macabro, pero aún me queda un poco de cordura para actuar con estrategia. Además, no puedo arr