Emma
— Bueno, Emma, más tarde paso por tu casa y hablamos —se acerca y me abraza.
— No, no, no —susurro.
— No seas tan miedosa —susurra en mi oído.
— Bueno… —hago un mohín —. Te debo un café entonces.
— No me olvido —me guiña un ojo —. Bueno, Theo, fue un gusto verte. Si estás en la casa, cenamos todos juntos —le da un beso en la mejilla y se dirige hacia la señora Hamilton —. Señora, un gusto.
— Igualmente, querida —responde Elle.
— Nos vemos luego, Margo. Saludos a las chicas —dice Theo mient