Emma
— Oliver, por favor, ya basta —lo observé —, vuelve a leer tu libro —señalo el asiento y el libro que dejó.
Me escucharía, cuando llegásemos a la casa le diría algunas cosas, todas las razones por la que esto que hacía estaba mal, pero ahora necesitaba conservar mi trabajo.
— Ya terminé todo el libro mamá — la queja llegó —¿Tienes que hacer algún balance, gráficas, algo?
Mi hijo era un genio, tenía poco tacto con las personas, pero hacía mohines como cualquier chico de su edad, se quejaba,