Cap. 82
—Lo arruine. — Aceptó Violette. No negaría que recurrir al alcohol había sido una pésima idea. — No volverá a pasar, lo prometo. — Murmuro apenada, alzando la palma de su mano para presentar su ofrenda de paz. Inmediatamente, conforme con la respuesta, la pequeña pelinegra comenzó a limpiar el desastre, entregándole a su madre su celular, el cual, albergaba un montón de llamadas perdidas, proveniente de un número desconocido.
Una vez más el teléfono sonó, pero esta vez el de la línea fija de la