Cap. 74
Sin nada más que decir, aguardó pacientemente por ella, escuchando el grácil andar a unos cuantos metros de la oficina. Lentamente, el hermoso ojo-verde abrió la puerta, haciendo acto de presencia en la habitación. Sonrió con timidez, acercándose dubitativa al hombre, plantando un beso en sus labios de forma fugaz, sustituyendo el común “hola” por un tierno gesto.
—No esperaba tu visita. — Confesó el Lemaire, con coz grave, tratando de hablar con suavidad.
—Bueno, quería darte una sorpresa.—