Cap. 53
Poco a poco las manos de Edmond, un tanto inquisitivas, acariciaban con mesura la extensión de sus piernas. Apegó sus labios al blanquecino cuello de la chica, embriagándose con el aroma tan singular que desprendía su cuerpo, esparciendo besos mientras trazaba un camino, dejando pequeñas marcas rojizas. Regresó a su labios, siendo recibido con la misma alevosía de hace unos minutos, Violette lo apegaba a su cuerpo, ejerciendo presión con sus piernas, situadas a los costados del pelinegro. La te