Elena estaba por llamar cuando escuchó una voz ronca a sus espaldas.
—No hace falta.
Adrián estaba detrás de ella.
Llevaba una camisa gris y un pantalón de vestir informal del mismo tono.
El cabello le caía sobre la frente, pero no lograba ocultar su aspecto enfermizo.
Tenía los labios pálidos, la mirada cansada y el rostro demacrado, lo que lo hacía parecer más vulnerable.
Elena miró el brazo que le había herido. Ya estaba vendado.
—Vamos.
Pasó junto a él y entró sin cambiar su expresión frí