Elena sonrió mientras le secaba las lágrimas.
—Ya, tranquila. Yo me encargo de esto. Voy a encontrar la manera de solucionarlo.
Ana asintió varias veces.
—Gracias.
Elena mantuvo la dulzura en la voz, pero su expresión se volvió seria.
—Ahora que detectamos el problema, tenemos que asegurarnos de que no vuelva a ocurrir. A partir de hoy, cada indicación importante deberá entregarse por escrito a todas las personas que intervengan en el pedido. Cada una tendrá que revisarla y firmarla. Además, est