Después de la gala, Adrián se volcó en el trabajo de una manera casi obsesiva.
Pasaba las noches en la oficina y, de vez en cuando, buscaba a Jerrold para distraerse.
Cada vez tenía menos ganas de volver a casa.
Bastaba abrir la puerta y respirar el aire del interior para sentirse asfixiado.
En la oficina del último piso de Grupo Vega, Adrián revisaba un convenio cuando Julio tocó y entró.
—Señor Adrián, encontramos una pista sobre lo del hospital.
Él levantó la cabeza y recibió los documentos