El viento agitaba el cabello de Elena.
Julián la miró y advirtió un dejo de melancolía en su rostro.
Los meseros fueron sirviendo los platillos mientras todos comentaban los chismes más recientes.
Cuando casi habían terminado de comer, Mateo propuso jugar cartas.
Elena no aguantaba mucho el alcohol, pero se unió para no arruinarles la diversión.
Mateo pidió una baraja, explicó las reglas y empezó a repartir.
La primera persona recibía tres cartas; las demás, dos, y quien repartía, una.
Cada ju